Sirena · · 257 words · 1 min
Escribe el mail furioso. No lo mandes.
Tengo una carpeta de mails que nunca envié. En su mayoría escritos en momentos de frustración, a un socio, un inversor, un cliente, un proveedor. Los escribo, no los mando, vuelvo al día siguiente y los leo.
Este es uno de los ejercicios de comunicación de mayor impacto que conozco.
Por qué escribir el mail ayuda
Escribir el mail, no enviarlo, hace cuatro cosas útiles a la vez:
- Claridad mental. Externalizar los pensamientos te obliga a organizarlos. Los loops de pensamiento repetitivo se rompen cuando los plasmas en una oración.
- Alivio psicológico. El acto de escribir calma la necesidad de “tengo que responder”. Sientes que ya te defendiste.
- Perspectiva objetiva. Una vez que las palabras están en la página, puedes leerlas como si otra persona las hubiera escrito. El tono se vuelve evidente.
- La ventaja de la revisión. Después de una noche, el mensaje se lee completamente distinto. Las frases filosas parecen innecesarias. Los argumentos sólidos siguen en pie.
La lección real
El beneficio más valioso viene de la relectura postergada. Con distancia emocional, saltan a la vista las líneas innecesarias, esas oraciones que no suman valor y solo restan a la relación. En el momento de calentura esas líneas se sienten merecidas, hasta necesarias. A la mañana siguiente parecen una tontería.
Repite esto suficientes veces y tu cerebro aprende: el control del impulso produce mejores resultados que expresarlo.
Los mails que no mandas te muestran en quién te conviertes cuando nadie te está calificando por tu templanza. Esa es la parte que vale la pena practicar.